Observaciones del cielo en el País Caranqui: una revisión crítica de los posibles complejos ceremoniales

Diversos investigadores han propuesto que las tolas y pirámides del País Caranqui fueron escenarios de ceremonias religiosas y que las pirámides con rampa, especialmente aquellas provistas de plataformas de barro cocido, constituyeron centros ceremoniales. Sin embargo, esta interpretación continúa siendo motivo de debate. En consecuencia, el objetivo del presente trabajo es revisar críticamente las publicaciones, crónicas y evidencias arqueológicas, históricas y astronómicas disponibles para evaluar cuáles de las hipótesis propuestas resultan compatibles con la evidencia existente.

Desde los inicios de la agricultura, prácticamente todas las sociedades humanas desarrollaron una profunda observación del cielo. Los movimientos regulares de los astros permitieron medir el tiempo, anticipar los ciclos estacionales y organizar las actividades agrícolas. Posteriormente, estos conocimientos se integraron a las creencias religiosas y contribuyeron a fortalecer la cohesión social y la autoridad de quienes administraban el calendario.

Las investigaciones previas en las pirámides del país caranqui

Empezando por la existencia de tolas y pirámides en la zona conocida como país Caranqui, estas ya fueron reportadas por algunos viajeros extranjeros en los siglos 18 en adelante. Lamentablemente, no se las confirió un valor cultural y fueron objeto del saqueo y de destrucción por parte de buscadores de tesoros, por la práctica de la agricultura y el crecimiento urbano.

A inicios del siglo XX la historia y sus ciencias afines empezaron a preocuparse de ellas. Las pirámides con rampa de Cochasquí, Zuleta y Socapamba fueron sin duda las que mayor atención suscitaron entre los investigadores, debido evidentemente a sus dimensiones, su elaborado diseño y notable organización espacial del conjunto.

Primero testimonios históricos.

Uno de los primeros testimonios históricos que sugiere la existencia de un centro ceremonial asociado al culto solar en el País Caranqui corresponde a la descripción realizada en siglo 18 por Jorge Juan y Antonio de Ulloa (21) durante la Misión Geodésica Francesa. La descripción dice lo siguiente (Nota 1):

Una de las obras se mantiene existente por la mayor parte en el pueblo de Cayambe; y consiste en un Adoratorio, o Templo, hecho de Adoves: su fabrica es en una eminencia, donde se levanta el Terreno del mismo Pueblo, y forma un Montesillo no muy alto; su figura perfectamente circular; y la capacidad bastante, pues su diametro será de 8 Tuessas, que hacen de 18 a 19 varas, con corta diferencia, y su respeto tiene 60 varas de circuito. De este edificio no han quedado mas que las Paredes, y se mantienen todavía en buen estado de firmeza; y su altura es como de dos Tuessas, y media, o de cinco a seis varas: su ancho, o gruesso de cuatro a cinco pies; ello es como una vara y dos tercias; y la unión o trabazón de los Adobes es de la Tierra, conque hacían estos mismos: una y otra tan dura como si fuera de Piedra, pues no la vencen las injurias del Tiempo, a que está expuesta por falta de Cubierto.

Fig. 1. Dibujo del templo cilíndrico dedicado al culto solar, posiblemente edificado sobre la pirámide de Puntiachil, junto a la población de Cayambe. A la derecha, los pucarás de las montañas de la región, y, en la llanura intermedia, las tumbas, o, “guacas” de los aborígenes. Jorge Juan y Antonio de Ulloa, 1756.

 

Además de las noticias antiguas, que se conservan de haber sido Edificio uno de los Templos de aquellos tiempos lo acreditan las señales, que se reparan en su construcción: pues el ser aquella Pieza circular, y sin ninguna separación en su interior da entender, haber sido lugar publico destinado para concurrencia, y no para servir de habitación, la Puerta que es muy pequeña en todas sus proporciones hace creer, que aunque los Reyes Ingas entraban en sus Palacios, y andaban siempre en Andas, como se verá adelante, y lo hacían por su Pie, pues la cortedad de ella no daba lugar a haverlo de executar en otra forma: circunstancia que solo practicaban en los Templos por veneracion; y siendo por lo que y dexo dicho, en aquella inmediación, donde tenían uno de sus mayores, o el principal Adoratorio, parece que debemos concluir lo fuese este Edificio.

No se conoce cuál fue el destino de tal templo solar de Cayambe; no existen testimonios de hasta cuando se mantuvo en pie. Hasta los tiempos actuales no se han encontrado vestigios arqueológicos del lugar en donde estuvo, debido sobre todo al crecimiento urbano de Cayambe. Apenas veinte años más tarde de la publicación de los geodésicos, Fray Luis Frías describe los ritos que realizaban en Puntiachil la gente de Pesillo, una zona agrícola y ganadera cercana a Cayambe, pero no reporta la existencia de tal templo circular sobre la pirámide, y que solo festejan allí en base a “un palo en donde los rayos del sol caen perpendiculares” (27). 

Lo anterior puede tener varias explicaciones: 

Fig. 2. La gran pirámide con rampa de Puntiachil en la zona oriental de la población de Cayambe, hoy rodeada y parcialmente destruida por el crecimiento de la población

1) Que dicho templo fue destruido durante ese corto intervalo de tiempo. 

2) Que ya no se realizan ya ceremonias en él. 

3) Que nunca se realizaron ceremonias allí, y que fue realmente destinado a otro uso.

4) Que aquel templo estuvo construido en otro lugar, no en Puntiachil, sino sobre otra elevación del terreno. 

5) Si seguía existiendo, para las ceremonias se lo había reemplazado por el gnomon en el centro de una plataforma circular.

Esta última afirmación conduce a plantear que los cultos solares que se realizaron inicialmente en aquel templo circular eran prácticas de la gente caranqui, y que, a la llegada de los incas, estos lo reemplazaron con el ritual basado en el gnomon, el cual efectivamente era celebrado por ellos desde tiempos inmemoriales (Nota 9). Se trataría entonces de una superposición de los cultos inca sobre los cultos caranqui, en lo que se refiere al estilo de constatar la verticalidad solar.

A inicios del siglo 19, concretamente, en 1802, el sabio payanés Francisco José de Caldas visitó nuestro país y encontró otra construcción similar a orillas del Lago San Pablo (28, 29). Tenía casi trece metros de diámetro, cuatro de altura y uno y medio de espesor, con una capacidad para cuatrocientas personas, y, según versiones de los habitantes del lugar, se lo atribuían a los incas. Sin embargo, el historiador y etnólogo peruano Waldemar Espinoza Soriano opinó que debe haber sido construcción carangue.

Según Caldas, el edificio estaba construido de piedra bruta unida con argamasa, y su destrucción se debió “…no a la acción de los temblores o del tiempo, sino a la mano bárbara del cura de Otavalo. Este eclesiástico ha creído útil deshacer este monumento precioso, capaz por sí solo de dar luces sobre la arquitectura y sobre los ritos de este pueblo…

Lo que manifiesta Caldas es una verdad lamentable. Por otro lado, la opinión de Espinosa Soriano parece muy acertada, cuando manifiesta que tales construcciones cilíndricas debieron ser obra de los pueblos pre-incaicos, ya que hoy se sabe que estos últimos no usaron tal tipo de estructuras para las observaciones solares, sino más bien el gnomon. 

Fig 3. Templo circular visitado por Francisco José de Caldas en 1802 a orillas del Lago San Pablo

Las primeras investigaciones arqueológicas.

Por 1939, el conocido arqueólogo alemán Max Uhle (1) fue el primero en estudiar y excavar la zona de Cochasquí. En la parte superior de una de las pirámides encontró un canal de 10 metros de longitud en la plataforma de barro cocido que se encontraba sobre ella, el que sugirió sería destinado a recoger la sangre de los sacrificios. Este hallazgo estaría en concordancia con los cráneos humanos que encontró en el complejo arqueológico.

Entre los años de 1964 y 1965, el Grupo Ecuador, conformado por investigadores ecuatorianos y arqueólogos de la Universidad de Bonn, encabezados por Udo Oberem (2), realizó un trabajo arqueológico más extenso, el que evidenció claramente la estructura constructiva de la mayoría de las pirámides y la naturaleza de los túmulos funerarios que se encuentran en la parte baja. En base a la cerámica encontrada y a las dataciones de carbono catorce, estos investigadores confirmaron, que, en el desarrollo cronológico de Cochasquí se reconocen dos fases, la Cochasquí 1, desde el año 950 DC hasta del 1250 DC, y la Cochasquí 2, desde el 1250 hasta el 1550 DC. Sugieren además que en la Fase 1 se produjo el primer poblamiento de la zona. En la Fase 2 se construyeron las pirámides y se creó un pequeño pueblo en la parte baja del complejo.

Fig. 4. Plano del complejo de tolas y pirámides de Cochasquí.
Consejo Provincial de Pichincha
Fig. 5. Vista aérea actual de las pirámides de la zona alta del complejo. Destacan, de derecha a izquierda, la 5K, 8J, 9G y 13E. Las superficies blancas en ellas son techos protectores de las áreas excavadas.

El grupo Ecuador hizo la datación, por medio del carbono 14, de los maderos y demás materiales orgánicos encontrados en los agujeros de postes y zanjas de las plataformas de la pirámide E (actualmente conocida como No. 13), encontrando edades que van desde el año 1475 hasta el 1765 de nuestra era. La dispersión de datos es explicable por los errores propios del método. Descartando los valores muy extremos de entre las 10 dataciones realizadas, por ser posiblemente erróneos, se obtiene una media que corresponde a la mitad del siglo XVI, o sea, por el año de 1550.

Las interrogantes 

Como es del caso en la prehistoria, en torno a las pirámides de Cochasquí flotan un sinnúmero de enigmas. Entre ellos, talvez el más intrigante, es el descubrimiento realizado por el Grupo Ecuador de las plataformas de barro cocido que existen en la parte superior de algunas pirámides, las cuales poseen canales finamente elaborados y cocidos hasta la consistencia de ladrillo, y que tienen orientaciones muy definidas, las cuales coinciden con las de otros semejantes encontrados en otras pirámides del territorio Caranqui, sobre lo cual nos referiremos más adelante. En la pirámide 13 E de Cochasquí existen dos plataformas, la una, de 16 metros de diámetro, y la otra, de 9 metros de diámetro, con dos canales de barro cocido en cada una de ellas, y los cuales poseen en su interior perforaciones dispuestas en grupos triangulares alternados.

En algunas de aquellas perforaciones se encontraron introducidos unos conos de piedra que sobresalían unos 14 cm, y cuyo uso ha sido objeto de varias elucubraciones. Estos conos se asemejan a las llamadas manos de metate, que eran parte de las “piedras de moler” de los pueblos andinos.

Cuadro de texto:  Las plataformas de barro cocido tienen contornos limitados por zanjas, así como perforaciones que albergaron postes verticales, que sugieren la existencia de paredes de bahareque. En el centro encontraron perforaciones los que presumiblemente sirvieron para postes que soportaron un techo circular. En base a esto, los arqueólogos plantearon la posibilidad de que aquellas plataformas fueron el piso de viviendas que cumplieron tanto fines habitacionales como rituales. Según los arqueólogos del Grupo Ecuador, los canales con sus conos de piedra habrían servido para sustentar vasijas destinadas a la preparación de alimentos. 

Las primeras investigaciones arqueo astronómicas.

Años más tarde, investigadores de la arqueo-astronomía plantearon que tales instalaciones tuvieron un uso más sofisticado que el doméstico, el cual estaría más bien relacionado a rituales de culto al sol y a la luna y observaciones astronómicas con fines calendáricos.

En el año 1992, Ziólkowski y Sadowski (5) realizaron algunos estudios en los monumentos arqueológicos del Ecuador, principalmente en Ingapirca y en el país caranqui, interpretando las orientaciones de tales construcciones. En relación a Cochasquí y a las demás pirámides con rampa de la región, encuentran que no hay una relacionada con los puntos solsticiales o equinocciales, ni tampoco con otros eventos estelares, sino que más bien ella está condicionada por la topografía del lugar. En el tema de los calendarios andinos, principalmente de los incas, realizaron una amplia investigación bibliográfica de los cronistas de la colonia. Concluyen que debieron existir varios calendarios “étnicos” en los pueblos preincaicos y prehispánicos, los que, dependiendo de la región, se diferencian básicamente en la fecha de inicio del año, pero que coinciden en que son luni-solares, pues miden el tiempo de acuerdo a las lunas, pero fijando la duración del año de acuerdo a la observación de los solsticios y equinoccios. En cuanto a las observaciones de las estrellas, manifiestan que ellas sirvieron también para marcar fechas claves en el calendario. 

En el año de 1995, Yurevich y colaboradores (3) proponen que la orientación de las pirámides con rampa de Cochasquí tiene un sentido astronómico, pues todas ellas poseen su eje longitudinal alineado con un azimut de 25º a 35 º, es decir, apuntan hacia el aparecimiento helíaco de la constelación de la Osa Mayor (Nota 3), y en particular, de la estrella Benetnash, que se encuentra en su cola. Este evento coincidiría con la llegada de las lluvias a finales del mes de octubre, que es el comienzo del año agrícola en la sierra ecuatoriana. Su conclusión se apoya en los trabajos de investigación etnográfica realizados por el antropólogo Mauricio Naranjo en la comuna de Cochasquí, cuyos pobladores mencionan que sus antepasados planificaban sus cosechas a partir de las observaciones del cielo. Yurevich y su equipo plantean también que los canales de barro cocido de las plataformas apuntan a montañas del horizonte, como el Cotopaxi, el Ilaló y el Pichincha, los cuales constituían indicadores del clima para los antiguos pobladores de esa zona.

Un año más tarde, el investigador Dany A. Zborover (4), en colaboración del Dr. Yurevich, director del Observatorio Astronómico de Quito, publica un interesante estudio con una aproximación aún más clara sobre los conocimientos astronómicos de los pueblos andinos, principalmente de los incas, enmarcando sus consideraciones dentro de un contexto histórico. En primera instancia, plantea que los pueblos andinos ecuatoriales ya poseían una conciencia clara de su ubicación equinoccial, circunstancia que argumenta, sería el móvil principal que motivó la construcción de las pirámides (Nota 6). En relación a los canales en las plataformas de barro cocido, encuentra que la ubicación de los conos de piedra ubicados en las perforaciones en una disposición triangular, no son más que gnómones o indicadores de los solsticios y de los equinoccios, pues las sombras de ellos se alinean en tales fechas. También plantea que en el centro de las plataformas pudo haber existido un poste grande, o gnomon central, con el cual constataban la verticalidad de la luz solar en los pasos del sol por sus extremos y puntos medios. Este hecho se apoya, según este investigador, en los reportes de los cronistas de la colonia, los cuales describen con mucho detalle tales prácticas por parte de los incas, y posiblemente también, de los pueblos preincaicos del Ecuador. También se orienta por las investigaciones de M. Naranjo en la comuna de Cochasquí, las cuales afirman que sus antepasados determinaban la época del año en función de las sombras de su cuerpo, y con la ayuda de “estacas y piedrezuelas”.

El mismo Zborover propone, además, que los canales de las plataformas de barro cocido podrían haber sido llenados de líquido con la finalidad de ser usados en la noche como espejos astronómicos, es decir, para determinar, por medio del reflejo de la luz, la presencia de cuerpos celestes en el cielo, procedimiento que fue común en Centro América y el Perú. Esto permitiría, por ejemplo, la determinación exacta del año solar. Finalmente, este autor admite la posibilidad de que estas prácticas astronómicas en Cochasquí pudieron haberse realizado tras la llegada de los Incas, quienes trajeron desde el Cuzco estas prácticas avanzadas, las cuales se superpusieron o se combinaron con las locales (Nota 10).

Investigaciones complementarias.

Digno de mencionarse es el trabajo previo de Athens (6), el que, dentro de sus valiosas contribuciones arqueológicas, reporta la existencia de plataformas de barro cocido, con canales similares a los de Cochasquí, en otras tolas y pirámides del país Caranqui, como las de Socapamba, Puntiachil, Pinsaquí, Gualimán, Zuleta, Sequambo, Atuntaqui y Yaguarcocha.

A los estudios anteriormente citados se suman autores, como, Benavides (7), Moscoso (8), los esposos Costales (9) y Almeida (10), los que aportan con otros elementos del tipo etnológico y arqueológico sobre el país Caranqui, y sobre el complejo de Cochasquí en particular, lo que permite entender mejor el estado de desarrollo que tuvieron estos pueblos en la etapa de la construcción de las pirámides. Particularmente útil es el de Lumbreras (11), que hace un recuento cronológico de los estudios arqueológicos de Cochasquí, estableciendo con claridad las diferentes fases del desarrollo de estos pueblos.

Aspectos de subsistencia y organización social

El llamado País Caranqui ocupó el territorio comprendido entre el río Chota, al Norte, y el río Guayllabamba al Sur y sus límites Este y Oste estaban determinados por las dos cordilleras que lo enmarcaban. La zona geográfica en cuestión posee una belleza natural excepcional y una gran abundancia de recursos naturales. Existen en ella grandes montañas, valles fértiles, ríos y torrentes de agua, así como numerosos lagos. Es la zona en donde actualmente se encuentran las poblaciones de Ibarra, del valle del Chota, Urcuquí, Otavalo, Cotacachi, Cayambe, Zuleta, Cochasquí, Malchinguí, Perucho, San José de Minas, entre otras. 

En la época en que dichos pueblos construyeron sus tolas y pirámides, estos se encontraban en un proceso de integración regional, en el que los diferentes poblados se organizaron mediante el sistema político de cacicazgos. En dicha etapa se intensificaron las relaciones políticas y sociales, las alianzas estratégicas y el comercio entre los pueblos de la región. Mantenían también un intercambio de productos con otros más alejados, ubicados en otros pisos climáticos, con lo cual satisfacían sus necesidades.

Su mantenimiento se basaba principalmente en la práctica de una agricultura eficiente, mediante el uso del riego, la cual era excedentaria, lo cual a su vez fomentaba una estratificación social (11). El producto agrícola más importante fue sin duda el maíz, alrededor de cuya actividad realizaron festejos y rituales que formaron parte de su acervo cultural. Es probable que estos pueblos criaran camélidos, los cuales les proporcionaban carne y lana.

Una característica que une a todos los poblados del país Caranqui es justamente su expresión cultural de construir tolas y pirámides.

La forma de vida anteriormente descrita implica que estos pueblos poseían un notable sistema de organización, el cual requería de planificación temporal, es decir, que disponían de un calendario básico que les permita organizar sus actividades, responsabilidad que la ejercían los caciques de la zona.

Información histórica específica

La reconstrucción de la cosmovisión de los pueblos del País Caranqui enfrenta una limitación fundamental: la escasez de fuentes escritas contemporáneas a su desarrollo. La mayor parte de la información disponible procede de cronistas de los siglos XVI y XVII, cuando la influencia inca y, posteriormente, la española ya había transformado profundamente las tradiciones locales. En consecuencia, cualquier interpretación debe realizarse con cautela y apoyarse también en la evidencia arqueológica y astronómica.

Los siguientes testimonios constituyen algunas de las pocas referencias históricas que pueden relacionarse con las prácticas rituales de los pueblos del norte andino:

Pedro Cieza de León (1553):

“De los aposentos de Otavalo se va a los de Cochesquí. Y para yr a estos aposentos se passa, vn puerto de nieue; y vna legua antes de de allegar a ellos, es la tierra tan fria, que se bieue con algún trabajo. De Cochesquí se camina a Guayabamba que esta del Quito cuatro leguas; donde por ser tierra baxa, y estar quasi debaxo de la Equinoccial, es cálido: mas no tanto que no esté muy poblado, y se den todas las cosas necesarias de la humana sustentación de los hombres”.

En el valle de Chillo: “A la parte del poniente (en relación a Quito) está el valle de Uchillo (Chillo) y Langazi (Alangasí)…y los naturales son amigos y están confederados… Por estas tierras no se comen los vnos a los otros, ni son tan malos como algunos de los naturales de las provincias que atrás lo tengo descrito. Antiguamente tenían grandes adoratorios a diversos dioses: según pública la fama de ellos mismos…Después que fueron señoraeados por los reyes Ingas, hazían sus sacrificios al Sol, al que adorauan por Dios.”

Una referencia sin autoría expresa que “los habitantes de Oyacachi rinden culto a la luna” (18)de lo se deduce que posiblemente medían el tiempo en base a las observaciones de ese astro.

Girolamo Benzoni (hacia 1565): 

“Esta gente (en el reino de Quito) a pesar de que hablan con el demonio, tienen al sol como el dios principal, y cuando quieren pedirle alguna gracia, tanto los señores como los sacerdotes se colocan por la mañana cuando sale, encima de una elevación de piedras hecha especialmente; teniendo siempre la cabeza baja, golpean una mano con la otra estrujándolas, luego las levantan como si quisieran tocarlo, y diciendo oraciones le piden lo que necesitan”

Agustín de Zárate (hacia 1545):

  • “Tienen en esta provincia (del Reino de Quito) las puertas de los templos hacia el oriente, tapadas con unos paramentos de algodón, y en cada templo hay dos figuras de bulto de cabrones negros, ante los cuales siempre queman leña de árboles que huelen bien…” 

En la investigación que nos ocupa, solamente las referencias históricas específicas para esta región no son suficientes, por lo que debemos recurrir a las de pueblos similares, en este caso, de los más cercanos y relacionados, que son los de los andes peruanos y bolivianos, y en parte, de la costa pacífica al oeste de aquellos (14, 16, 19). Sobre ellos existe más información proveniente de las épocas tempranas de la colonia. Igualmente, rica es la información sobre los mayas y aztecas, especialmente sobre sus conocimientos astronómicos y calendáricos, descifrados gracias a que esos pueblos desarrollaron un sistema de escritura jeroglífica y un sistema numérico avanzado, los que dejaron registrados en sus códices y en sus monumentos líticos (15). Las referencias procedentes de Mesoamérica no se emplean como evidencia directa para el País Caranqui, sino únicamente como marco comparativo para comprender posibles desarrollos astronómicos en otras sociedades agrícolas prehispánicas. De todas maneras, el concepto expresado por Nuttal (12), que dice que “los pueblos sobre latitudes similares desarrollan conceptos similares del universo”, es válido para completar criterios y reducir el espectro de dispersión de las posibilidades en los planteamientos de hipótesis que se hacen en este trabajo.

Cabe mencionar brevemente que en el territorio colombiano existieron también pueblos que construyeron templos de culto al sol, a la luna y a las estrellas. Talvez el más destacado es el de los muiscas, como el llamado “El Infiernito”, cerca de Villa de Leiva, pero también en San Agustín, Huila, y, Cojines del Zaque, Tunja. Sin embargo, es evidente que el culto al sol, y al cielo en general, se desarrolló con mayor fuerza en los pueblos del altiplano peruano-boliviano.

Análisis de la evidencia arqueológica y astronómica del país caranqui, principalmente en Cochasquí

Revisaremos varios aspectos relacionados a la ubicación geográfica de los lugares en donde se encuentran tolas y pirámides en la zona caranqui, referencias históricas, y, haremos la reconstrucción tridimensional, simulaciones, sombras y análisis geométricos de las instalaciones allí encontradas.

Sobre la privilegiada ubicación de las pirámides de Cochasquí.

Según el criterio de varios investigadores (4, 14, 15), los pueblos nor-andinos, en particular, los incas, tenían una “conciencia equinoccial”, basados en que estos lugares poseen una ubicación privilegiada en cuanto al movimiento regular y simétrico del astro rey, lo cual se manifiesta en: 1) Las simetrías de las sombras de los gnómones (postes o columnas verticales) a lo largo del año (Notas 7, 8), Igualmente, en la simetría que tienen a lo largo del año los lugares del horizonte a la salida y ocultamiento del sol, 3) En que los equinoccios, que son los días de verticalidad del sol al mediodía, dividen el año solar en un número igual de días. 4) Que esta característica es común y se extiende a los lugares hacia el este y hacia el oeste de ese lugar, que es la dirección por la que se mueve el sol, pero no así en la dirección norte-sur. Esto lo sabían con seguridad los Incas, de acuerdo a lo que reporta Garcilaso de la Vega (1560):

  • Y es de notar que los reyes incas y sus amautas que eran los filósofos, assí como ivan ganando las provincias, assí ivan experimentando que, cuando mas se acercaban a la línea equinoccial, tanto menos sombra hazía la columna a medio día, por lo cual iban estimando más y más las columnas que estaban mas cerca de la ciudad de Quito; y sobre todas las otras estimaron las que se pusieron en la misma ciudad y en su paraje, hasta la costa del mar, en donde por estar el sol a plomo, no hazía señal de sobra alguna al medio día. Por esta razón las tuvieron en mayor veneración, porque dezían que ellas eran asiento mas agradable para el Sol, porque en ellas se assentaban derechamente y en las otras de lado.”

Si esta “Conciencia equinoccial” (Nota 6) fue parte de la cultura de los pueblos que habitaban el país caranqui cuando llegaron los españoles, la pregunta que surge es: ¿Fue esa conciencia equinoccial traída por los incas, o la poseían ya en los pueblos autóctonos? 

 Fig. 9.  En la imagen se ve en primer plano la ubicación de Cochasquí y el horizonte por donde sale el sol, en cuyo centro se encuentra el nevado Cayambe. Se marcan los puntos de la salida del sol en los solsticios y en los equinoccios, los cuales son equidistantes entre sí. Esto no sucede en otras latitudes  
Cuadro de texto:  
Fig. 10.  El horizonte hacia el poniente, en donde se encuentran las montañas de La Marca. Se indican los puntos equidistantes de los extremos de ocultamiento del sol en los solsticios, y, el punto equinoccial en el centro

En todo caso, los siguientes hechos explicarían el porqué de la importancia de centros ceremoniales en varios lugares del País Caranqui, particularmente, Cochasquí:

  • Están en una posición geográfica ecuatorial.
  • Tienen un dominio visual del horizonte. La ubicación de Cochasquí es realmente privilegiada como lugar destinado a observaciones panorámicas y astronómicas: está en la ladera sur de la montaña Mojanda, lugar que permite tener una visión muy amplia de los valles circundantes, del cielo y de las cordilleras con sus respectivas montañas nevadas. La línea de visión hacia el este y hacia el oeste es absolutamente libre de obstáculos, así como hacia el hemisferio celeste sur, de tal manera que permite observar con facilidad los movimientos del sol, de la luna, los planetas y las estrellas.
  • Existen referencias montañosas. En los puntos por donde sale y se oculta el sol en los equinoccios se encuentran grupos montañosos muy importantes: al este, el nevado Cayambe, y al oeste, las montañas de la Marca. El horizonte en tales puntos es irregular, lo que les permitiría a los antiguos determinar con facilidad los puntos de salida y ocaso del astro rey en las diferentes épocas del año.
  • Tienen una relación con el agua. Está situado en la vertiente sur del Mojanda, en cuyas cumbres se encuentran varias lagunas y fuentes de agua. El nombre de Cochasquí se refiere a aquello: es el “lugar en medio de las cochas”. Se sabe con certeza que estos pueblos rinden un culto a las fuentes de agua, costumbre que se mantiene hasta estos tiempos.

Conclusiones sobre la ubicación.

En conjunto, la evidencia geográfica y arqueológica permite considerar que Cochasquí ocupó una posición privilegiada para la observación sistemática del horizonte y del movimiento aparente del Sol. Ello no demuestra por sí mismo una función astronómica, pero constituye un contexto compatible con esa interpretación. Es posible que, en las primeras fases del desarrollo de estos pueblos, en la cual empezaron con la construcción de túmulos, tolas y pirámides, no hubo una marcada intencionalidad relacionada con el cielo. Sin embargo, más tarde, conforme progresaba su desarrollo social y cultural, se fue desarrollando una necesidad de tipo mágico-religioso, que fue tomando cuerpo y que fue expresándose en dichas construcciones. Se ha sugerido, que, si esto fue una realidad, se dio tras la conquista inca, pues estos traían estas observaciones estelares y celebraciones públicas de culto al sol como se realizaba en el Cuzco.

La orientación de los canales en las plataformas de barro cocido

Es intrigante el hecho de que todos los canales en las plataformas de Cochasquí tengan dos direcciones preferenciales: unas con un azimut de 190º y otras con uno de 220º (Nota 4).

Por otro lado, existe una correspondencia con las direcciones de los canales y cavidades en forma de artesas en las demás tolas y pirámides del país Caranqui. Según las investigaciones de Athens (6), tenemos:

  • Socapamba, Montículo 14                193º
  • Socapamba, Montículo 21                150º
  • Socapamba, Montículo 22                180º
  • Otavalo, Montículo 4                        157º
  • Pinsaquí, Montículo A                      230º
  • Pinsaquí, Montículo B                       220º
  • Cochasquí, varias pirámides             190o y 229o

Si analizamos las direcciones, vemos que hay algunas que son preferenciales, como 180-190 y 220-230 grados, direcciones que no se asocian con las direcciones solsticiales y equinocciales. Se debe entonces buscar vínculos con otros lugares, los que, en todo caso, pueden ser particulares para cada micro ambiente ecológico o geográfico, y no un concepto integrado para toda la región.

Athens (6) fue el primero en medir las direcciones espaciales de los canales y artesas de barro cocido en las pirámides y tolas del país caranqui y opina que posiblemente tenían finalidades rituales, pero no propone una hipótesis concreta.

Sobre la concepción de las direcciones geográficas

Los pueblos norandinos no parecen haber concebido las direcciones como norte, sur, este y oeste en el sentido moderno, sino como un sistema relacional y sagrado: arriba/abajo, centro/periferia, hacia el sol naciente o poniente, hacia los cerros, fuentes de agua, hacia los valles y hacia los territorios de intercambio.

Las investigaciones disponibles indican que la región norandina desarrolló un sistema espacial propio, distinto del modelo clásico inca. Para los pueblos Cayambe, Caranqui, Pasto, Otavalo y Quitu-Cara, las direcciones importantes habrían sido:

  • Arriba / abajo: Hacia la altura de los páramos, volcanes y cerros; y hacia los valles, quebradas y zonas cálidas. 
  • Oriente y occidente solar: no como puntos abstractos, sino como lugares concretos del horizonte donde el Sol sale o se oculta en fechas agrícolas o rituales.

      Como un ejemplo, la relación de Agustín de Zárate (hacia 1.545):

“Tienen en esta provincia (del Reino de Quito) las puertas de los templos hacia el oriente, tapadas con unos paramentos de algodón, y en cada templo hay dos figuras de bulto de cabrones negros, ante los cuales siempre queman leña de árboles que huelen bien…” 

  • Hacia los cerros tutelares: en el norte ecuatoriano, montañas como Cayambe, Imbabura, Mojanda, Cotacachi, Cotopaxi, Pichincha.
  • Hacia una guaca, que son tumbas o lugares donde yacen los antepasados, o, lugares considerados sagrados.
  • Hacia las fuentes de agua: ríos, lagunas, vertientes, en especial esta últimas para la zona caranqui, muy rica en lagunas y ríos que las alimentan o salen de ellas.
  • Centro ceremoniales: sitios como Cochasquí, Puntiachil, Zuleta o Pambamarca.
  • Direcciones de intercambio ecológico: En el mundo nor-andino eran esenciales las rutas entre pisos ecológicos: páramo, valle interandino, ceja de montaña y tierras cálidas. Frank Salomon estudió precisamente estas relaciones políticas de los señoríos nor-andinos. 

Según refiere Jorge Trujillo (30), los pueblos amazónicos no conciben direcciones geográficas como tales. Se orientan en sus rutas de desplazamiento, en parte, por las direcciones de la salida y ocultamiento del sol en esa época, pero, sobre todo, por las direcciones de los ríos, que son sus caminos más usuales. El mismo autor refiere que guiaban en sus excursiones largas por las estrellas, como, por ejemplo, para ir a las montañas de la sierra en busca de sal y otros insumos. Para ello seguían la ruta que les marcaba, con su desplazamiento nocturno por la bóveda celeste, el felino brillante, la constelación del Escorpión.

La comparación con el Cusco ayuda no debe imponerse mecánicamente. En el sistema inca, las direcciones se organizaban desde un centro sagrado y mediante líneas rituales o ceques (Zuidema 19), , más que por una cuadrícula cardinal moderna; estudios sobre cartografía andina señalan que muchos asentamientos andinos no se ordenaban estrictamente por los puntos cardinales.

Análisis de las direcciones de los canales en Cochasquí

En esta investigación se trató de asociar las direcciones de los canales de las pirámides de Cochasquí, particularmente, de la 13E, con alguna direcciones geográficas y estelares. La correspondencia más evidente que se encontró es que corresponden a dos montañas en el horizonte sur: con el Cotopaxi (Azimut de 190º) y con el Pichincha (Azimut 229º). Esto significa, que, si una persona se ubica en las plataformas con vista hacia el sur, los canales apuntan a dichas montañas. 

¿Significa esto una reverencia a estas montañas, que las consideraban dioses protectores? ¿Tal vez porque los dos son dos volcanes activos y temían su furia? ¿Fueron para ellos indicadoras del clima, o, el origen de fuentes del agua con la cual subsisten? 

 Fig. 11. Vista hacia el sur desde la parte superior del complejo arqueológico de Cochasquí, con la visión hacia el horizonte desde la pirámide 13E. Las líneas marcan direcciones de los canales a las montañas Cotopaxi y Pichincha y sus respectivas direcciones azimutales. 

No es explicable, sin embargo, porqué podrían estar también alineados con las mismas direcciones los canales de barro de los otros centros ceremoniales en pirámides de la región caranqui, si las montañas Cotopaxi y Pichincha no son visibles desde esos lugares. ¿Significa entonces que aquellas direcciones corresponden a otra asociación religiosa, con las estrellas por ejemplo?

Si consideramos una asociación estelar, la más opcionada sería con el punto de ocultamiento de la constelación Cruz del Sur, que son 215 grados, es decir, bastante cercano a la los de los canales este de la pirámide 13E. Este mismo canal, pero en la dirección norte, apunta al punto de horizonte por donde sale la Osa Mayor, que es la propuesta de Yurevich y colaboradores (3). Sobre los canales del lado oeste, con su azimut de 190 grados, es prácticamente un dirección norte-sur. ¿Qué simbolismo podría tener? ¿Una dirección perpendicular al curso solar?, ¿La dirección en el cielo de la Vía Láctea? (Ver Fig. 26) ¿La dirección de los valles interandinos? 

Otro de los asuntos propuestos para el uso de los canales es que sirvieron, cuando están llenos de un líquido, para ser usados como reflectores de los astros que pasan por el cielo en el transcurso del día, en el caso del sol, o de la luna, los planetas y estrellas, en el caso de la noche (Nota 10). Este uso fue común en Centroamérica y en el imperio inca.

Sobre las sombras en las plataformas de barro

Los siguientes planteamientos de observación de sombras parten de la suposición de que las plataformas de barro no estuvieron cubiertas por un techo, sino que estuvieron al aire libre, lo cual no concuerda con los planteamientos de Oberem y Wurster, que consideran que dichas plataformas fueron el piso de una habitación construida sobre ellas, en las que se realizaban rituales religiosos cocinando alimentos en los canales de barro. Pero vale la pena analizar estas otras propuestas.

Metodología de las simulaciones

Para verificar la validez de la hipótesis planteada por Zborover (4), de que se producen alineaciones de las sombras de los conos ubicados en los canales de las plataformas de la pirámide 13E, con las direcciones solsticiales y equinoccialesse usó una recreación en tres dimensiones, elaborado con el programa de simulación Google Sketch Up Pro, el cual permite visualizar las sombras que arrojan los elementos constructivos en diferentes fechas del año y a diferentes horas del día.

Se dibujaron las plataformas de barro en su correcta posición y orientación, que para la pirámide 13E es de 23 grados hacia el este, utilizando como plantilla de base, para evitar errores, los planos elaborados por Oberem (2). Sobre dicha matriz se colocaron los elementos que arrojan sombra, como son los conos de los canales y las hipotéticas columnas centrales (Fig. 12). En el caso de la plataforma pequeña del lado oeste se colocó una columna central ubicada en el espacio libre de barro cocido. En la plataforma grande del lado este, el gnomon central está constituido por un cilindro con un diámetro igual al espacio circular libre de barro cocido que existe en su centro. Este tiene un parangón histórico, que es el templo cilíndrico que encontraron los geodésicos Jorge Juan y Antonio de Ulloa (Fig. 1), lo cual presentamos al inicio de este artículo. 

Sombras de los conos en los canales. 

Los resultados son interesantes: efectivamente hay una correspondencia notable de las sombras que arrojan los conos de piedra ubicados en los orificios de los canales con las fechas solsticiales y equinocciales. 

En el solsticio de Junio: en el amanecer, en los conos de los canales oeste, las sombras de dos conos se superponen produciendo una sola sombra. Es decir, se ven solamente dos sombras en cada triángulo de conos (Fig. 14). 

En los equinoccios: en cada triángulo de conos, y en todos los canales, las sombras del cono central se proyectan entre la de los otros dos restantes. Esto sucede naturalmente desde el amanecer hasta el anochecer. (Fig.15)

En el solsticio de Diciembre: en el amanecer, en los conos de todos los canales, las sombras de dos conos también se superponen. En el atardecer, sucede lo mismo solo con los conos de los canales del lado oeste (Fig.16).

Resultados de la simulación de las sombras de los conos en los canales.

Las sombras que proyectan los conos ubicados en los canales proyectan unas sombras con determinados patrones geométricos que son característicos en los amaneceres y en los atardeceres de los equinoccios y solsticios. Como afirma Zborover, aparentemente existió una intención constructiva en ello, posiblemente, con la finalidad de visualizar y celebrar el advenimiento de tales eventos solares. Esto lo habrían logrado mediante la orientación de los canales y la posición de los agujeros para la ubicación de los conos de piedra.

 

Sombras de un gnomon central.

Mediante la simulación en la computadora se determinó también la posición de las sombras en los amaneceres, atardeceres y medio días, obteniéndose la información que se encuentra resumida en las figuras 14, 17 y 18. Un resumen de ello es:

En los equinoccios: en las dos plataformas, la sombra del nomon central discurre por la línea este-oeste, la que divide la plataforma en dos partes iguales, dejando al grupo de conos del canal oeste, al lado norte, y al grupo de conos del canal este, al lado sur. Está por demás decir que al mediodía el gnomon central no arroja sombra alguna. Esto ultimo seria lo mas observado por los caranquis, de acuerdo a lo que se supone es lo que observaban en sus templos solares circulares. 

En el solsticio de Junio: entre el amanecer y el atardecer, las sombras discurren desde el sur-oeste, fuera de los canales, al mediodía pasan por un punto máximo de elongación sur, y en el atardecer salen de la plataforma por el lado sur-este.

En el solsticio de Diciembre: entre el amanecer y el atardecer, las sombras discurren desde el nor-oeste, fuera de los canales; al medio día pasan por un punto máximo de elongación norte; y, en el atardecer salen de la plataforma por el lado nor-este.

 Fig. 17. Sombras al amanecer, al mediodía y al atardecer de un gnomon central en la plataforma oeste, orientada con el norte hacia arriba. En los equinoccios, la sombra de la columna central discurre exactamente a lo largo de la oeste-este, y, a mediodía la sombra de la columna desaparece. En los solsticios, la sombra se presenta como se explica en el texto de arriba. 
 Fig. 18. Sombras que arroja el cilindro central hipotético en la plataforma este. Las sombras al lado izquierdo son las del amanecer y las del derecho, al atardecer. Sombras 1 y 2: equinoccios. Sombras 3 y 6: solsticio de diciembre. Sombras 5 y 4: solsticio de junio. Las sombras 7 y 8 son las de mediodía en los solsticios de diciembre y junio, respectivamente. En los equinoccios, la sombra a mediodía es nula. 

Evidencias iconográficas relacionadas con las observaciones solares

Se investigó la cerámica encontrada en Cochasquí, que en ese tiempo se encontraba en el Instituto Geográfico Militar de Quito, para ver si existen dibujos decorativos que sugieran algo relacionado a estos hechos astronómicos. En algunas de las vasijas de tipo globular del tipo Panzaleo o Cosanga, existe un sugestivo dibujo decorativo, el cual se representa en la Fig. 19. 

Las líneas tangenciales dibujadas alrededor del cuello del ánfora se asemejan a las proyectadas a lo largo del año por el cilindro central de la plataforma este. El ángulo entre las producidas en los solsticios y en los equinoccios es aproximadamente igual a las de las vasijas. Este detalle decorativo de las vasijas podría haberse inspirado en las observaciones solares que se realizaban en Cochasquí.

Cuadro de texto:
  
 
 
Fig. 19. Arriba, las líneas marginales de las sombras que produce el cilindro central de la plataforma de barro, las cuales forman un patrón radial característico. Abajo, dos vasijas de cerámica fina encontrada en Cochasquí, en las que se ve representado el mismo esquema geométrico. 

Conclusiones sobre posible observación de sombras en las plataformas.

Las plataformas de barro cocido pudieron constituir dispositivos arquitectónicos multifuncionales destinados a la observación del ciclo solar, la celebración de ceremonias calendáricas y, posiblemente, al registro ritual del tiempo entre los pueblos del País Caranqui.

  • En cuanto a las sombras de los conos en los canales, consideramos que, si bien este planteamiento es llamativo, no tiene una opción para ser considerado dentro de las posibilidades reales, debido varias razones de orden práctico, y, además, por el hecho de que, si bien en la pirámide 13E se pudieron hacer tales observaciones, en los canales de las otras pirámides no, puesto que no poseen agujeros en los canales, o sea, no hay lugar para los conos de piedra.
  • Consideramos que las sombras de las columnas centrales si pudieron haber servido para celebrar las fechas equinocciales y solsticiales, lo cual está de acuerdo a las referencias de las crónicas de la temprana colonia. La constatación de los equinoccios serían las que posiblemente se observaron en estos templos del país caranqui, y particularmente, en Cochasquí.
  • Respecto a las observaciones de las columnas centrales, se puede pensar que el cilindro de la plataforma este permitiría hacer observaciones como las que hacían en los templos solares circulares que se encontraron en Cayambe y a orillas del Lago de San Pablo, de acuerdo a la tradición caranqui. En cambio, con la columna de la plataforma oeste, lo habrían realizado de acuerdo a la modalidad inca. 
  • Sobre el uso de los canales como espejos astronómicos, cuando están llenos de líquido, no consideramos como una propuesta factible, por razones técnicas, y por falta de referencias históricas.

5. Sobre un posible uso calendárico de las plataformas.

Si se acepta que se observaron las sombras de los elementos de las plataformas de la pirámide 13E en las fechas solsticiales y equinocciales, el siguiente paso es analizar si estos sistemas pudieron además constituir un sistema de registro calendárico. En ese caso, ¿Qué características debería tener un calendario del País Caranqui? ¿Sería lunar o solar?, ¿Agrícola regional, ceremonial?

Consideraciones necesarias en la elaboración de un calendario.

Las primeras sociedades agrícolas elaboraron calendarios acordes a su entorno geográfico y a su forma de vida. Lo más inmediato fue la incorporación en ellos de fechas que responden a sus patrones culturales, como en las actividades de subsistencia, la agricultura, la cacería, la pesca, actividades que se realizan de acuerdo a los ciclos de la naturaleza. Mas tarde, en la evolución de los pueblos, se incorporan fechas de celebraciones religiosas y culturales.

Los pueblos sedentarios, que practicaron la agricultura, requirieron calendarios para organizar sus actividades. Según hemos visto anteriormente, los caranquis ya habían alcanzado este grado de desarrollo, por lo que puede pensarse que llegaron a utilizar un calendario sencillo, del tipo “étnico”, basado en las lunaciones, y eventualmente, en un año solar determinado por los solsticios y equinoccios, o, por observación estelar, por ejemplo, por el aparecimiento de las Pléyades, la Cruz del Sur o la Osa Mayor (5). Por otro lado, seguramente recibieron influencias de los pueblos del sur, los incas, quienes llegaron a desarrollar su calendario cronológico imperial basado en observaciones solares más cuidadosas, las que consistían en la observación de los puntos del horizonte por donde sale y se pone el sol a lo largo del año, y por las sombras de los gnómones. El desplazamiento cíclico y regular de las estrellas y sus constelaciones a través de la bóveda celeste fue también un referente para fijar fechas claves del año.

La dificultad de un calendario lunar es que no armoniza con el solar, problemática que ha sido común a todos los pueblos de este planeta. Si partimos del hecho, que cada lunación (el período completo de cambio de las fases de la luna) dura 29 días y medio, y por lo tanto no se produce un numero entero de lunaciones en un año solar. Esto hace que el calendario lunar se desfase de los ciclos de la Naturaleza, lo cual claramente explican las crónicas siguientes: 

Pedro Cieza de León (1553):

  • ” Luego de conquistar Quito, (Huaynacápac) ordenó: “que cada luna le hiciere mensajero que le llevare aviso particularmente de todas las cosas que pasasen y del estado de la tierra y de la fertilidad de ella y del crecimiento de los ganados”
  • “A todo el mundo llaman Pacha, conociendo la vuelta que el sol haze y las crecientes y menguantes de la luna. Contaron el año por ello, al cual llaman guata, y lo hacen de doce lunas, teniendo su cuenta en ello…”

Garcilaso de la Vega (1560):

  • “(Los incas) escribiéronlos con letras tan groseras porque no supieron fixarlo con los días de los meses en que son los solsticios, porque contaron los meses por lunas, como luego diremos, y no por días, y, aunque dieron a cada año doze lunas, como el año solar ecceda al año lunar en onze días, no sabiendo ajustar el un año con el otro, tenían cuenta por el movimiento del sol por los solsticios, para ajustar el año y contarlo, y no con las lunas. Y desta manera dividían el un año del otro rigiéndose para sus sembrados por el año solar y no por el lunar”
  • También alcanzaron los equinoccios y los solemnizaron muy mucho. En el de marzo segaban los maizales del Cozco con gran fiesta y regozijo, particularmente el andén de Collcampata, que era como jardín del sol. En el equinoccio de setiembre hazían una de las cuatro fiestas principales del sol, que llaman Citua Raymi, que quiere decir fiesta principal …Para verificar el equinoccio tenían columnas de piedra riquísimamente labradas, puestas en los patios o plazas que habían ante los templos del sol. Los sacerdotes, cuando sentían que el equinoccio se acercaba, tenían cuidado de mirar la sombra que la columna hacía. Tenían las columnas puestas en el centro de un cerco redondo muy grande, que tomaba todo el ancho de la plaza o del patio. Por medio del cerco hechaban por hilo, de oriente a poniente, una raya, que por larga experiencia sabían de poner un punto y el otro. Por la sombra que la columna hacía por la raya veían que el equinoccio se iba acercando, y cuando la sombra tomaba la raya de medio a medio, desde que salía el sol hasta que se ponía, y que a medio día bañaba la luz del sol toda la columna de derredor, sin hacer sombra a parte alguna, decían que aquel día era el equinoccial. Entonces adornaban las columnas con todas las flores y yerbas que podían haver, y ponían sobre ellas la silla del Sol, y dezían que aquel día se asentaba el Sol con toda su luz, de lleno en lleno, sobre aquellas columnas”

Polo de Ondegardo (1540-1576):

  • ”El año partieron en doze meses por las lunas: y los demás días que sobran cada año los consumían con las mismas lunas…Conocieron nuestro año solar por la observancia de los solsticios, y empezándolo por el solsticio estival deste hemisferio antártico, que es a los 23 días de Diciembre…Por lo cual no se puede averiguar que certidumbre y fiijeza tenían en su año, ni aún pienso yo que andaban en esto tan puntuales que dejases de tener muchos yerros, no embargante que pusieron los mejores medios que supieran para concertarlo y tener cuenta y razón con los tiempos, y así para que fuese cierta y cabal su cuenta, usaban desta traza: que por los cerros y collados que están alrededor del Cuzco, tenían puestos dos padrones o pilares al oriente y otros dos al poniente de aquella ciudad, por donde se salía y se ponía el sol cuando llegaba a los trópicos (solsticios)…”

Del mismo Polo de Ondegardo, resumido por Ziólkowski (5), en relación a los calendarios incas:

  • “Era un calendario compuesto por doce meses lunares, ajustados al solsticio de diciembre. El ajuste se realizaba de tal manera que el primer mes del año debía incluir dicho solsticio”

Las diferentes crónicas coinciden en el hecho de nuestros pueblos registraban el paso del tiempo mediante las lunaciones, pero que también ajustaban su programación anual mediante la observación de los solsticios y equinoccios, o, por el aparecimiento de algún grupo de estrellas, como las Pléyades. El objetivo principal del calendario era organizar las actividades agrícolas del pueblo, anticipanto los ciclos de la Naturaleza de tal manera de garantizar la buena cosecha (31).

El padre Juan de Velasco, en su crónica del año 1770, presenta la siguiente descripción sobre las prácticas calendáricas de los reyes del Reino de Quito:

  • “En lo substancial, de lo uno y de lo otro, convenían los reyes de Quito con los incas del Perú…El año era de dos maneras: uno solar, Inti-huata, y el otro lunar o común, llamado Quilla-huata. El solar era gobernado por 12 pilastras en Quito, y en el Cuzco por 12 torres, cuyas Gnomones señalaban el principio, por su orden, y se adornaban con flores, al que al nacer el sol señalaba el primer día.

Tenían otras cuatro torres en el Cuzco y dos columnas en Quito, para tomar los puntos de los solsticios, al perderse la sombra de sus Gnomones. El de Marzo era el principio y el fin del año solar…El año lunar se componía de doce meses y medio, para la correspondencia con el solar, teniendo tantas semanas como cuantos eran los cuartos de luna; y comenzaban siempre por el primer día de la luna nueva…Se comenzaba a contar el año lunar en el Cuzco por diciembre, que era el primer mes de los peruanos, y en Quito por marzo, donde comenzaban a un tiempo el año solar y el lunar…”

En esta crónica, que ya es bastante tardía, pues data del siglo 18, la que, como en muchas otras de su valiosa Historia del Reino de Quito, se nota la intención del padre Juan de Velasco de equiparar los conocimientos y capacidades del reino de Quito con el de los incas.

Según lo registra el etnólogo Tom Zuidema (19) en sus estudios sobre los pueblos del Perú, los incas tenían un problema en fijar su calendario, dado que el Cuzco está ubicado a 13, 5º de latitud sur, lo que hace que las fechas de los equinoccios no coincidan con las de la verticalidad del sol al mediodía. Esto dividía su año en dos partes desiguales, situación que más que incómoda desde un punto de vista práctico, pues lo supieron solucionar, si lo era desde su necesidad de mantener un poder político basado en prácticas mágico-religiosas lo más perfectas posibles. Sin embargo, el calendario cronológico imperial inca se fue imponiendo sobre los calendarios regionales que usaban los diferentes pueblos conquistados. Se constituyó entonces en uno de los pilares en los que se basó la inmensa capacidad logística que los incas demostraron en sus campañas militares y en la construcción de las grandes obras del imperio. 

Zuidema resalta con énfasis el hecho de que muchas de las prácticas incas estaban reservadas solo para la clase noble, aunque hacían simultáneamente otras actividades que eran dedicadas al pueblo, lo cual reporta Juan de Betanzos (por 1540):

  • “Y que para que la gente común adorassen allá fuera, porque no debían entrar allí dentro (al templo sagrado llamado La Casa del Sol) si no fuesen señores, y estos en el patio, hizo poner en el medio de la plaza del Cuzco, donde agora es el rollo, una piedra de la hechura de un pan de azúcar, puntiaguda para arriba y enforrada de una hoja de oro; la cual piedra ansimesmo hizo labrar el día que mandó hazer el bulto del Sol; y esta piedra, para en quel común adorasse, y el bulto en la Casa del Sol, los señores”

Es probable que en Cochasquí pudieron haber hecho algo semejante, es decir, la realización de las ceremonias religiosas, eran rituales exclusivos para los nobles, la clase dirigente, los visitantes y peregrinos importantes, ceremonias a las cuales no tenía acceso el pueblo llano que habitaba en el pueblo de la parte baja de las pirámides.

Propuestas sobre el uso del ábaco calendárico de cochasquí

Las instalaciones de las plataformas de Cochasquí podrían haber constituido un ábaco con el cual registraban los eventos luni-solares. Lo que se expone a continuación constituye una hipótesis de trabajo destinada a explorar una posible función calendárica de las plataformas. Hasta el momento no existe evidencia arqueológica directa que confirme este uso.

Como los conos de piedra que se encontraron en los canales de barro son removibles, estos pueden haber servido para registrar las lunaciones. El siguiente es un ejemplo de cómo podían haber procedido: los canales de la plataforma pequeña del lado oeste, tienen cada uno dos triángulos con tres conos cada uno y un total de seis conos por canal, o sea, en total, entre los dos canales hay 12 conos (Fig. 13 y 14). Si al inicio del año se comienza por el canal del lado nor-este, y, los conos están colocados en los agujeros, al completarse una lunación se retira un cono, lo cual se repite sucesivamente hasta que el canal quede vacío, y entonces, han transcurrido seis lunaciones, o sea, un medio año lunar.  Se pasa entonces al canal del lado sur-este y se procede de igual forma, entonces habrán transcurrido doce lunaciones y ha concluido el año lunar. De acuerdo a lo que dicen las crónicas que revisamos anteriormente, cada lunación iniciaba con la luna nueva. 

De igual manera, los conos de la plataforma grande, al este (Fig. 13 y 18), podrían haber sido utilizados de la siguiente manera: en el canal de la izquierda hay 4 triángulos con 12 conos, los que se pueden usar para registrar las doce lunaciones. En el de la derecha hay cinco triángulos con 15 conos, los que se pueden usar para registrar los 29 a 30 días por lunación, de la siguiente manera: cada día se saca un cono; cuando quedaba vacío el canal, ha concluido un medio período lunar. Luego, colocando cada día los conos de los 15 agujeros, ha concluido un mes lunar, y así sucesivamente.

Los incas tuvieron sistemas de registros similares para el paso de los días, lunaciones, meses y años. Según lo refieren Bauer y Dearborn. (14) lo cumplían mediante los quipos, mediante nudos que los hacían o los deshacían, de forma similar al propuesto con los conos en los canales. Ellos encargaban las observaciones solares a sus astrónomos y los registros calendáricos a sus secretarios o quipucamayocs, lo que fue registrado gráficamente por el cronista de la colonia Guamán Poma.

Cuadro de texto: Fig. 20. Dibujos de Guamán Poma de aprox. 1596 que representan a un astrólogo, con el sol y la luna sobre él, y, un contador mayor y tesorero con su quipo y su yupana.

En relación a los registros y cómputos calendáricos surge la pregunta: ¿Qué sistema numérico usaron los caranquis? ¿Como realizaron sus cuentas? Lamentablemente, no se dispone de documentación escrita. Lo que si se conoce es que los incas lo hacían mediante un sistema decimal y que se valían de los quipos y de las yupanas para sus registros y cálculos. Las yupanas eran tableros con agujeros, sea de madera, barro o piedra, y con la ayuda de maíces u otros granos, de la manera como nos refiere José de Acosta en el libro Historia Natural y Moral de las Indias de 1592: 

“… pues verles otra suerte de quipos, que usan de granos de maíz, es cosa que encanta; porque una cuenta muy embarazosa, en que tendrá un muy buen contador que hacer por pluma y tinta, para ver a como les cabe entre tantos, tanto de contribución, sacando tanto de acullá y añadiendo tanto de acá, con otras cien retartalillas, tomarán estos indios sus granos y pondrán uno aquí, tres acullá, ocho no sé dónde; pasarán un grano de aquí, trocarán tres de acullá, y, en efecto, ellos salen con su cuenta hecha puntualísimamente sin errar un tilde, y mucho mejor se saben ellos poner en cuenta y razón de lo que cabe a cada uno de pagar o dar, que sabremos nosotros dárselo por pluma y tinta averiguado.”

Conclusión sobre el uso calendárico de las plataformas. 

La disposición arquitectónica de las plataformas, la organización de los canales y la presencia de conos removibles permiten plantear, como hipótesis de trabajo, que estas estructuras pudieron desempeñar funciones de registro calendárico además de sus posibles usos ceremoniales. Esta propuesta deberá contrastarse en el futuro con nuevas evidencias arqueológicas y experimentales.

Sin embargo, es importante recalcar que estos sistemas, antes que intentar ser sistemas exactos de cómputo, tendrían un fin ritual o ceremonial.

Sobre las observaciones estelares en la tradición astronómica caranqui

Si las pirámides del País Caranqui desempeñaron funciones ceremoniales y calendáricas, resulta razonable explorar la posibilidad de que también sirvieran para la observación sistemática de estrellas y constelaciones, como ocurrió en numerosas sociedades agrícolas prehispánicas.

Son abundantes las crónicas tempranas de la colonia que indican que los pueblos antiguos de América observaron los planetas, estrellas y constelaciones por ellos concebidas, pues como sabemos, las del mundo andino eran diferentes de las mismas del Viejo Mundo. Si bien los planetas fueron objeto de reverencias y de observaciones cuidadosas con fines rituales, como es el caso sorprendente de los aztecas y mayas con Venus (15), éstos no podían constituir elementos primarios de medición del tiempo, pues no tienen ciclos que coinciden con los lunares y los solares. Los incas también utilizaron los ciclos de Venus para planificar las festividades de incorporación de los adolescentes (19).

Las poblaciones de la costa observaron también el cielo. Esto lo relata el cronista Fray Antonio de la Calancha (1693):

  • El calendario de los yungas de la costa (del Perú) es basado en la observación de las Pléyades”

Según Ziólkowski (5), Bauer y Dearborn (14) Sullivan (16) y Zuidema (19), la observación de los movimientos periódicos de las estrellas y sus constelaciones constituyeron importantes marcadores del tiempo. Por otro lado, dichos objetos brillantes del cielo fueron parte muy importante de la mitología andina. La imaginería de sus gentes formó con las estrellas infinidad de formas, principalmente animales, los que se relacionaban con leyendas de sus antepasados. Estas regresaban anualmente con la rotación de la esfera celeste y servían de motivo para trasmitirlas a las nuevas generaciones.

Por otro lado, y con un efecto más bien siniestro, los eventos que rompen el paso majestuoso de los eventos regulares del cielo, como son los eclipses, los cometas, las estrellas fugaces, los halos y las conjunciones de planetas, fueron elementos poderosos de la superstición andina y del oráculo. Basta como ejemplo el posible impacto que tuvo en el curso de la historia de la conquista el aparecimiento del llamado “Cometa de Atahualpa”, el cual fue presenciado por el rey prisionero en Cajamarca, y ante lo cual reaccionó con una actitud depresiva. Mas tarde explicaría a Francisco Pizarro que su tristeza se debe a que “pronto morirá otro señor del Cuzco”, pues conocía que cuando murió su padre Huayna-Cápac, se vio un fenómeno igual (20).

Los movimientos de la Vía Láctea en el cielo tuvieron un significado importante para definir ciertas direcciones geográficas, las que guiaron los desplazamientos humanos en la expansión del imperio inca, según opina el etnólogo Gary Urton. La propia inclinación de la Vía Láctea en el cielo les permitió establecer direcciones cardinales. El llamado “río celeste” les guio posiblemente también en la búsqueda de los cursos vitales de agua. Como información, en el hemisferio celeste sur, a la vía láctea se observa con mayor esplendor entre diciembre y junio.

Por otro lado, la propia Vía Láctea, con sus áreas brillantes y llenas de estrellas, y sus áreas oscuras, sin puntos brillantes, despertaron en ellos mucha admiración. Ella no constituía únicamente un objeto astronómico, sino también un elemento organizador del espacio sagrado. Imaginaron muchas figuras mitológicas, generalmente animales, a las que asociaron relatos que con el tiempo se incorporaron a su cultura colectiva. 

Sobre las posibles observaciones estelares en el país caranqui.

Existen las siguientes referencias de los pueblos del sur andino, que con seguridad compartían en parte los pueblos del País Caranqui:

Polo de Ondegardo (1585):

  • “Entre las estrellas comúnmente todos adorauan á la que ellos llaman Collca, que llamamos nosotros cabrillas (las Pléyades). Y las demás estrellas veneradas por aquellos particularmente que les parecía que auian menester su favor. Porque atribuían á diferentes estrellas diuersos oficios. Y assí los Ovejeros (pastores de camélidos), hacían veneración y sacrificio á una estrella que ellos llaman Urcuchillay, que dizen es un carnero de muchos colores, el cual entiende en la conservación del ganado, y se entiende ser la que los Astrólogos llaman Lyra (La estrella Vega de la constelación Lira). Y los mismos adoran á otras dos que andan cerca della que llaman Catuchillay y Vrcochillay. Que fingen ser una oveja con vn cordero. Otros que viven en las montañas adoran otra estrella que llaman Chuqui chinchay que dizen es vn Tigre (Posiblemente la constelación del Escorpión), a cuyo cargo están los Tigres, los Osos y los Leones. También adoran otra estrella que llaman Ancochinchay, que conserva otros animales…”

Bernabé Cobo (1653), de acuerdo también a Polo de Ondegardo:

  • “…Y assí, de aquella junta que se hace de estrellas pequeñas llamadas vulgarmente Las Cabrillas (Las Pléyades), y destos indios Collca, afirman que salieron todos los símiles, y que della manaba la virtud en que se conservavan, por lo cual la llaman madre y tenían universalmente todos los ayllos y familias por guaca muy principal; conociánla todos, y dentre destos los que algo entendían, tenían con su curso en todo el año mas que con el de otras estrellas; pero no se seruian della  de otra cosa, ni tratavan de otra virtud que tuviese; y con todo esto, le hacían grandes sacrificios por todas las provincias…”

Pablo Joseph de Arriaga (1621):

  • “Acabadas las confesiones en las fiestas solemnes, que suelen ser tres cada año, la primera cerca de la fiesta del Corpus, o en ella misma, que llama Oncoy mitta, que cuando aparecen las Siete Cabrillas (Las Pléyades) que llaman Oncoy, las cuales adoran para que no se les sequen los maíces”

Cuadro de texto:  

Fig. 21. El grupo compacto de estrellas de Las Pléyades

Cuadro de texto:  

Fig. 23. La Chacana, parte central de la constelación de Orión, con sus Tres Marías en el centro
Las Pléyades, conocidas en el mundo inca por Oncoy, o Collcas. Las consideraron madre de todas las estrellas y las asociaron con el cultivo del maíz; simbolizaron las bodegas de granos (Collcas), por eso las llamaron con ese nombre. Por otro lado, ellas marcan con su aparecimiento heliaco (su primer aparecimiento antes de la salida del sol) en junio, cuando comienza el ciclo del cultivo del maíz en Perú, y, se mantienen visibles en el cielo mientras dura dicho ciclo, es decir, hasta comienzos de enero, cuando desaparecen en el amanecer. Varios pueblos pre incaicos, por referencia de aquellos de la costa del Perú, contaban el tiempo por lunas y ajustaban el ciclo anual con el aparecimiento de este conjunto de estrellas. Este hecho no es válido para los Andes ecuatorianos, en donde dicho cultivo fue igualmente la base de su sustento, pero éste comienza por octubre y termina por junio. En este caso, el aparecimiento de la Pléyades marcaría la poca de la cosecha, motivo por el que en la región había celebraciones, las que más tarde, luego de la conquista inca, se convirtieron en el Inti Raymi actual.

Cuadro de texto:  

Fig. 22. La Cruz del Sur, o, Chacana
La Cruz del Sur, conocida por los incas como Yutu, Saramama, o tambiénChacana, pudo servir para marcar el equinoccio de marzo, cuando dicha cruz aparece por el oriente en el amanecer, luego se coloca en posición vertical a finales de junio, y, desaparece a fines de septiembre, anticipando la llegada del equinoccio de marzo. 

Abajo, a la izquierda de ella, hay una mancha oscura que identificaban también como Yutu, o, La Perdiz. Es conocida en el mundo moderno como El Saco de Carbón. Preceden en su aparecimiento helíaco a la Yacana o Llama. Estas constelaciones no fueron conocidas en el Viejo Mundo hasta mediados del siglo 15, cuando los navegantes portugueses las vieron por primera vez en el hemisferio sur celeste.

La llamativa constelación de Orión, con sus cuatro estrellas en forma de un trapecio, y, las Tres Marías, tres estrellas equidistantes y alineadas diagonalmente en el centro de él, fueron conocidas en el Tahuantinsuyo como Chacana. Fueron igualmente asociadas a varias celebraciones rituales.

Cuadro de texto:  

Fig.23. Parte central de la constelación de Orión
La constelación del Escorpión, es el mencionado Chuqui Chincay, o Choqque Chinchay, que significa felino brillante, que los pueblos andinos identificaron como un jaguar. 

Fue también objeto de varios mitos en nuestros pueblos ecuatoriales. El investigador ecuatoriano Jorge Trujillo recogió un relato de nuestros pueblos orientales, quienes creían que algún día el mundo se acabaría cuando el felino devore a la luna. Y esto tiene su sustento, pues dicha constelación se encuentra en el cielo en el camino que recorre la luna en su tránsito secular. Según este investigador, este grupo estelar marcaba también el camino al pueblo de los Canelos, en la Amazonía ecuatoriana, en su ruta para conseguir sal en los valles interandinos.

Las dos estrellas más brillantes de la constelación del Centauro, según referencias históricas de los incas, forman parte de la cabeza de la constelación de La Llama, llamada Yacana, Llamaqñawin o Llama Celestial, que es una mancha oscura en medio de la brillante Vía Láctea, la que se asemeja a ese animal con su cría, y que fue muy venerada por los pueblos andinos del Perú (14, 15, 16, 19).

En las crónicas de la temprana colonia sobre las observaciones estelares en el mundo inca (5, 14, 19) se mencionan muchas más estrellas y constelaciones, las cuales deben corresponder a las mencionadas en aquellos textos, pero que no las incluimos porque pensamos que es abundar, o porque no fueron trascendentes para estos pueblos ecuatoriales. Por otro lado, hay cuerpos celestes muy llamativos desde nuestra ubicación ecuatorial, como los siguientes: las estrellas Sirio, Canopus, Altair, Deneb, Arturo, Vega, y, las constelaciones Osa Mayor, Cisne, Íades, y algunas más. El centro de la Vía Láctea, ubicada alrededor de la cola del Escorpión, es especialmente brillante y llena de cúmulos de pequeñas estrellas muy luminosas.

Queda por comentar que las observaciones de la luna fueron muy importantes, justamente la base para los calendarios más primitivos, los lunares. Ella cambia también su curso en el cielo variando sus puntos de aparecimiento y ocultamiento en el horizonte, de marera similar a como lo hace el sol en un año entre solsticio y solsticio, pasando por los puntos medios equinocciales, pero en este caso, la luna lo hace en cada mes lunar de 29,5 días. Sin embargo, lo que tomaron en cuenta los antiguos fue únicamente sus cambios de fase, las crecientes y menguas de su tamaño durante cada lunación. Este fenómeno es asequible y es consciente para cualquier persona, sobre todo para los que viven en el campo.

Palabras finales

La evidencia arqueológica, histórica, geográfica y astronómica analizada en este trabajo permite plantear la existencia de una tradición propia de observación del cielo en el País Caranqui. Dicha tradición habría integrado observaciones solares, referencias montañosas, posibles observaciones estelares y arquitectura ceremonial dentro de un mismo sistema ritual y calendárico.

Existen muchas limitaciones para el estudio de ese tema, dentro de las que se puede mencionar la destrucción parcial de muchos sitios, la escasez de excavaciones modernas, la ausencia de registros escritos específicos refentes al lugar, y, la necesidad de futuras verificaciones arqueológicas.

Más que ofrecer respuestas definitivas, este trabajo pretende contribuir al desarrollo de nuevas investigaciones interdisciplinarias sobre la astronomía, la organización del espacio y la concepción del tiempo entre los pueblos del norte andino. La verificación o refutación de las hipótesis aquí planteadas dependerá de futuras investigaciones arqueológicas, históricas, etnográficas y arqueo astronómicas.

Preguntas abiertas y aspectos aún no resueltos

Los planteamientos aquí presentados se encuentran con algunos inconvenientes e interrogantes:

Si las plataformas de barro cocido funcionaron como observatorios estelares, ¿existieron construcciones sobre ellas,como lo plantean Oberem y Wurster? (2). Si eso fue así, las teorías de las sombras que arrojan los conos y los gnómones centrales no tendrían sentido. Se podría entonces pensar que en un principio existieron dichas construcciones con finalidad habitacional y ceremonial sencilla, pero que más tarde, cuando progresaron con las prácticas calendáricas, las transformaron en templos ceremoniales, construyendo los canales y quemando las construcciones, y con ello el piso de barro original, a partir de lo cual funcionaron al descubierto. Un hecho que apoya esto es el que los maderos y demás materiales que se encontraron en las zanjas periféricas e interiores de las plataformas, así como en los agujeros de postes de su interior, estaban en estado semi carbonizado, y tienen dataciones bastante tardías, por el año de 1550 (2, 11).

Notas.

  1. Las referencias históricas se trascriben literalmente, con la forma original de escritura
  • Muchas imágenes se obtuvieron del internet o se extrajeron del Google Earth y procesaron con un programa de edición de imágenes.

3.     Ocultamiento helíaco: es la última vez que un astro puede verse antes de desaparecer en el resplandor solar. Después de esa fecha, su posición aparente queda demasiado cerca del Sol y deja de ser observable.

Aparecimiento helíaco: es la primera vez que un astro vuelve a ser visible poco antes del amanecer, después de haber permanecido oculto durante varios días o semanas por estar demasiado cerca del Sol.

  • El azimut es el ángulo medido desde el norte, en el sentido de las agujas del reloj, hasta la dirección en cuestión.
  • La gnomonística es la ciencia del estudio de los movimientos solares a través de las sombras que arrojan los objetos, principalmente, columnas verticales, o, elementos en techos y paredes. Igualmente se puede observar los puntos de luz que generan orificios en techos, paredes, etc. Esta práctica sirvió a los pueblos antiguos del mundo a medir el paso de tiempo, como las horas del día y las estaciones del año. Mas tarde serviría para determinar la inclinación de la eclíptica, la ubicación del norte geográfico, la orientación en la navegación, etc.
  • La conciencia ecuatorial la entendemos como el reconocimiento empírico de los fenómenos astronómicos característicos en las proximidades del ecuador terrestre y su incorporación a prácticas calendáricas y rituales. Consideramos que este conocimiento se puede adquirir solamente si dichos pueblos se movilizaron distancias grandes, con cambios de latitud considerables, de por lo menos 15 a 20 grados, o que tenían intercambio de información con pueblos lejanos. Esto lo pudieron tener los incas, pero es queda la inquietud de conocer si los pueblos caranquis también lo tuvieron.
  • Explicación sobre los dibujos de las sombras de un gnomon: si se coloca en el piso marcas del extremo de la sombra del gnomon en cada día del año, al término de este periodo se habrán formado una serie de líneas, como las que se 

ven en el dibujo. Las de los equinoccios son rectas que van exactamente de occidente a oriente. Las demás son curvas que se van alejando de la base del gnomon a la vez que se curvan hacia el exterior. En el dibujo se han representado solamente las más externas, que corresponden a los solsticios, y, la recta de los equinoccios. 

En una ubicación exactamente ecuatorial, la línea de los equinoccios pasa exactamente por la base del poste. Conforme se aleja el lugar de observación del ecuador, sea hacia el norte o hacia el sur, se producen las mismas curvas, pero, por un lado, el gnomon ya no queda en el centro, sino desplazado hacia un lado, y por otro, las curvas se distorsionan gradualmente por efecto de la mayor inclinación de los rayos solares.

En los trópicos de cáncer y capricornio, la base del gnomon queda sobre la línea del solsticio correspondiente. Si se desplaza el lugar a latitudes más extremas, la base del gnomon sale de la zona de las líneas.

En la práctica de la gnomonística, las fechas de los equinoccios pueden determinarse con precisión, pues la sombra del gnomon cambia muy rápidamente de un día al otro. En cambio, en los solsticios, éstas cambian muy lentamente, y no se logra determinar con facilidad los puntos extremos, o sea las fechas en que ocurren. De allí el significado del término, pues solsticio significa “sol quieto”.

  • Astronomía de sitio es el tipo de observaciones que se hace de los astros desde una ubicación geográfica determinada. Se registra la posición de los astros con referencia a puntos distintivos en el horizonte del lugar, tanto al amanecer como al atardecer. Se puede eventualmente determinar también posiciones en la parte alta del cielo con respecto a lugares prominentes: una torre, una montaña, etc.

Este procedimiento fue parte de los métodos más antiguos de observación astronómica, pues se prescinde del uso de instrumentos de medición, que ellos no los tenían. Los incas, por ejemplo, hacían sus observaciones desde el templo de Coricancha en el Cuzco. Los puntos de salida y ocultamiento del sol en los horizontes al oriente y al occidente fueron registrados y marcados mediante columnas de piedra. Así, la ciudad del Cuzco, con sus montañas circundantes, se convirtió en un verdadero calendario astronómico.

  • Festejos solares: la celebración del Inti Raymi, el Capac Raymi, etc., según referencias bibliogáficas, se comenzaron a celebrar en el imperio inca en el tiempo del inca Pachacutec, como una medida de consolidación de su plan político y administrativo. De esta manera, sus prácticas llegaron a imponerse en los pueblos del Chichasuyo, como el pais caranqui, el cual fue conquistado pocos años antes de la llegada de los españoles.
  1. Espejos astronómicos: una forma de observar los astros, principalmente el sol, fue mediante el uso de espejos colocados en un lugar plano y horizontal, los que reflejan los rayos algo atenuados del astro rey, evitando así los daños oculares y permitiendo una mayor comodidad en la observación. Se usaron especialmente cuerpos pequeños de agua, sea en oquedades en pisos de roca, o cuencos del mismo material. El principal uso fue la observación de los eclipses solares.

BIBLIOGRAFÍA

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27. Referencia citada por el arqueólogo cayambeño Ariel Charro en la crónica “El cilindro referido por Ulloa y construido para investigaciones en los años 1990 no estaba en Puntiachil”, junio 2026.

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